La locura de un científico que no pone su trabajo al servicio del bien puede llegar a ser muy peligrosa. Por fortuna no siempre es así, y son muchas las veces que la historia ha demostrado que un poco de locura, en un pintor, en un músico, en un científico o en una persona cualquiera, puede ayudarnos a encontrar aquello que andábamos buscando. Debe ser que en la locura, tal y como dijo el filósofo Nietzsche,
uno de los mejores locos que ha dado la historia, siempre hay algo de razón.
Alberto Sánchez
Aristóteles, precursor de la biología y de la anatomía
y uno de los creadores de la taxonomía, pensaba
que los testículos solo servían de contrapeso
al pene erecto. Afirmó que un cuerpo pesado cae a mayor velocidad que uno ligero. Así, si una piedra está cayendo y se coloca otra encima, la de arriba empujará a la de abajo multiplicando la velocidad. El disparate se consideró verdad durante casi 19 siglos, hasta que apareció
Newton y puso las’piedras’ en su sitio. El griego nos dejó otras perlas científicas como ésta: “El cerebro del hombre es más grande que el de la mujer, y el cráneo masculino cuenta con un mayor número de suturas, para que el cerebro respire con mayor facilidad”. No es de extrañar que el genio griego haya
pasado a la historia más por sus logros en el campo de la filosofía que en el de la ciencia. A su favor hay que decir que en el siglo IV a.c. pocos medios podían probar o refutar tales chifladuras; eso y el ser uno de los grandes de la historia de la filosofía.
Los genios también se equivocan.
Paracelso y su homúnculo
El médico y naturalista suizo, precursor de la homeopatía,
no debía estar conforme con el ciclo natural de las cosas, y se sacó de la manga (también era mago) una receta para fabricar un ser humano diferente al que resulta
de la procreación natural: “se deja pudrir el esperma
de un hombre en un recipiente durante cuatro días o hasta que, al final, comience a vivir, moverse y fijarse.
Pasado ese tiempo, se parece, hasta cierto punto, a una criatura humana; pero aún es translúcida y carente de cuerpo. Tras este tiempo, se nutre a diario y se alimenta
cautelosa y prudentemente con el arcano de la sangre humana y se mantiene durante 40 semanas con el calor continuo e igual de un vientre equino;
entonces se transformará en un bebé verdadero
y vivo, con todos los miembros de
que está provisto el nacido de una mujer,
pero mucho más pequeño. Se trata
aquí del denominado homúnculo [imagen
central], que después debe criarse
con el mayor cuidado y celo, hasta que
se desarrolle y comience a adquirir inteligencia.
Éste es uno de los secretos
revelados por Dios al ser humano mortal
y fiable.” Mejor no intentarlo en casa.
Mengele, el ángel de la muerte
Para graduarse Medicina, Mengele, ya afiliado
al partido nazi, tuvo que pronunciar el
juramento hipocrático que guía en el proceder
ético de cualquier médico: “Llevaré adelante
ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y
discernimiento será en beneficio de los enfermos y
les apartará del perjuicio y el terror”. Su falta de discernimiento
hizo que pronto el Doctor Mengele contradijera
ese juramento y lo sustituyera por el método
del terror, la masacre y la tortura. Sus investigaciones
partían de la inaceptable y racista premisa de la superioridad
de la raza aria. Mengele, el médico del campo
de concentración de Auswichtz (Polonia), fue responsable
de la muerte de miles de judíos y de realizar con
ellos los experimentos más atroces e inhumanos. El demonio
nazi, apodado ‘El ángel de la muerte’, consiguió
huir después de que Alemania cayese derrotada en la
Segunda Guerra Mundial. Vivió clandestinamente hasta
su muerte en 1979. Sus crímenes quedaron impunes.
Los fantasmas de Wright
El científico alemán Donald A. Wright utilizó sus conocimientos
de física y de la mecánica cuántica para explicar
las propiedades de los fantasmas. En su estudio, Wright
llegó a las siguientes conclusiones: “son tan livianos que
solo es posible verles con muy poca iluminación, pues
la presión que la luz ejerce sobre los cuerpos les echaría
rebotados debido a esa ligereza. De ahí que solo salgan
por la noche”. Según Wright, la masa de un fantasma es
pequeñísima, muchísimo menor que la de un solo electrón.
Ello significa que si al aplicarle una cantidad ínfima
de energía su masa se acelera a una velocidad cercana
a la de la luz. Por eso el físico afirmaba que no hay
por qué temer a los fantasmas, pues basta con hablarles
de cerca para enviarles más allá del sistema solar.
John Nash, el genio esquizoide
El científico que rebatió con su ‘sistema de
equilibrio de mercados’ -aún vigente-,
las teorías del economista Adam Smith,
padecía de esquizofrenia paranoica.
Cuando uno de los profesores del MIT
(la universidad de ciencia considerada
como la mejor del mundo) le preguntó
que cómo podía un hombre tan inteligente
y lógico creer que los extraterrestres
le enviaban mensajes, su respuesta
fue la propia de un genio como él: “Porque
las ideas sobre seres sobrenaturales
vinieron a mí de la misma forma que las
ideas matemáticas. Por eso las tome en serio”.
A finales de los 80 su salud mejoró y en
1994 le otorgaron con el Nobel de Economía.
En su discurso, Nash afirmó lo siguiente: “Parece
que pienso otra vez racionalmente, de la forma
que caracteriza a los científicos. Sin embargo, eso
no constituye un motivo para la alegría completa,
como si pasara de la invalidez a la buena salud. La
racionalidad de pensamiento impone límites en el
concepto de mi relación personal con el cosmos”.
La película ‘Una mente maravillosa’ cuenta su fascinante
historia.
Elemental, querido Watson
El Premio Nobel de Medicina James Watson, codescubridor
de la estructura del ADN, afirmó recientemente
que los negros son menos inteligentes que los
blancos. La condena social que han recibido sus declaraciones
han provocado la renuncia de Watson
al puesto que tenía en el importante laboratorio estadounidense
Cold Spring Harbor. No era la primera
vez que Watson cometía una pifia como ésta; en su
día llegó a afirmar que una mujer debería tener derecho
a abortar si los análisis preparto mostraban que
su hijo iba a ser homosexual. Ahora que tiene tiempo,
Watson debería aprenderse bien el artículo 2 punto
2 de la Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales
aprobada por la UNESCO, todo un alarde de
cordura que dice así: “Toda teoría que invoque una
superioridad o inferioridad intrínseca de grupos raciales
o étnicos que dé a unos el derecho de dominar
o eliminar a los demás, presuntos inferiores, o que
haga juicios de valor basados en una diferencia racial,
carece de fundamento científico y es contraria
a los principios morales y éticos de la humanidad”.